Juan Ospino
Juan Carlos Ospino, director de Carnaval SAS, durante el conversatorio participaron hacedores de la fiesta.
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No podemos permitir que se pierda el protagonismo de los hacedores: Juan Carlos Ospino

Durante el II Congreso Carnaval, Educación y Transmisión de saberes, el director de Carnaval S.A.S. explicó los avances de la fiesta, así como la importancia de quienes la hacen posible.

Reconocer la tradición como algo dinámico capaz de adaptarse a los diferentes contextos y avances sociales sin que pierda su esencia original es el objetivo principal de la salvaguardia del patrimonio cultural e inmaterial.

En el caso del Carnaval de Barranquilla, la esencia se concentra en los hacedores, aquellos que hacen posible el desarrollo de la fiesta más importante de Colombia.

Juan Carlos Ospino, director de Carnaval SAS, expresó durante su participación en el 'II Congreso Carnaval, Educación y Transmisión de saberes', organizado por Corcarnaval, que las expresiones culturales “evolucionan con sus comunidades y territorio”, pero no pierden su “memoria colectiva y los elementos identitarios” de cada manifestación cultural.

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“Nosotros cómo organización tenemos que trabajar por la salvaguardia para garantizar que saberes, danzas, músicas, oficios y memorias sigan siendo transmitidos de generación en generación, respetando su esencia, pero permitiendo su adaptación a los tiempos actuales. Es decir, cuidar el alma del Carnaval mientras sigue latiendo en cada esquina, barrio popular y el cumbiódromo”, explicó.

Señaló, además, que no se puede perder el protagonismo de los hacedores, pues ellos son la esencia de la fiesta, así como la transmisión de saberes. “El trabajo con niños y jóvenes, como el semillero del Carnaval, es fundamental para garantizar que la tradición siga viva”.

La evolución del Carnaval de Barranquilla apunta hacia un modelo de salvaguardia integral.

Inversión y aprendizajes

Sobre los avances en materia de salvaguardia de las expresiones culturales desde la institucionalidad, Ospino indicó que la empresa ha fortalecido la inversión directa en los hacedores, alcanzando más de $1.568 millones en aportes en 2026, con un crecimiento del 55% frente a 2024.

“Además, impulsamos el relevo generacional con la reactivación del semillero del Carnaval, que vinculó 125 grupos infantiles y más de 3.750 niños herederos de la tradición. También avanzamos en la dignificación del hacedor, con más de 6.800 artistas protegidos con seguros de vida durante la fiesta”, sostuvo.

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Dentro de los aprendizajes, Ospino destacó la importancia de poner al hacedor en el centro y dignificando su labor para fortalecer la escena cultural.

Asimismo, están la descentralización de las carnestolendas, llevándola a los barrios, fortalecimiento de los eventos populares, con más de 45 eventos organizados, y más de 6 millones de espectadores en 2026.

“Otro gran aprendizaje es que la innovación no está reñida con la tradición. Hoy el Carnaval logra más de 175 millones de visualizaciones digitales y una comunidad de 1,9 millones de seguidores, ampliando su alcance global sin perder su esencia”, aseveró.

El conversatorio se realizó en el Museo de Antropología, de Uniatlántico.

Una salvaguardia sostenible

La evolución del Carnaval de Barranquilla apunta hacia un modelo de salvaguardia integral que prioriza la sostenibilidad en tres ejes fundamentales: el económico, el ambiental y el digital.

De acuerdo con el directivo, en el ámbito financiero, la fiesta ya reporta avances significativos con un crecimiento del 60% en los ingresos de los hacedores, consolidando un esquema comercial robusto que busca dignificar el oficio de quienes mantienen viva la tradición.

En materia ecológica, indicó que el Carnaval se posiciona como pionero al convertirse en la primera fiesta sostenible de Colombia. “Los resultados tangibles ya son visibles a través de la medición de la huella de carbono en sus eventos, una reducción del 40% en el uso de icopor y la recolección de más de 42 toneladas de residuos. No obstante, la hoja de ruta exige profundizar estas acciones para que la magnitud del festejo no comprometa el entorno, integrando la responsabilidad ambiental como un valor innegable de la identidad barranquillera”.

El tercer pilar se centra en la convergencia entre la tecnología y la formación, conectar con nuevas audiencias y generaciones mediante herramientas digitales que funcionen como amplificadores de la tradición, y no como sus sustitutos.

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Al proyectar el Carnaval hacia la próxima década, la visión de Ospino es clara: consolidar un modelo que sea referente mundial en gestión cultural.

“El objetivo para los próximos diez años es lograr que los hacedores disfruten de mejores condiciones de vida y que las nuevas generaciones asuman el liderazgo de la fiesta. En definitiva, el gran desafío de Barranquilla será crecer sin perder el alma, demostrando que la innovación y la sostenibilidad son los mejores aliados para que el Carnaval siga siendo, ante todo, un símbolo profundamente arraigado en su identidad”, puntualizó.

 

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